TERESA MONTERDE
Me di cuenta de que en mi vida era imprescindible la danza el primer año de carrera. Estudio Obras Públicas y cuando me matriculé acababa de terminar el Grado Medio de Danza, por lo que pasé de estar aproximadamente bailando cuatro horas diarias a ir al gimnasio sólo de vez en cuando, es decir, cuando me lo permitía la carrera.
Recuerdo esa etapa con ansiedad, me sentía vacía, y eso que estaba igual o más ocupada que el año anterior; pero en mi interior surgían preguntas como: ¿no hechas de menos bailar?, ¿realmente te gusta esta carrera?, ¿no tendría que haber escogido otra que estuviese más enfocada a la danza?
Yo no quería escucharme a mí misma, porque en aquel momento pensaba que Obras Públicas me abría las puertas a un gran futuro laboral, pero un día, casi finalizado el curso, hablé con mi mejor amiga y me di cuenta de que no era feliz, que tenía que incluir el baile en mi vida de la forma que fuese.
Llegué a la conclusión de que estudiar una carrera me asegura en cierto modo un futuro, pero que ante todo una tiene que ser feliz y yo, ahora que he vuelto a bailar, lo soy.